miércoles, 9 de noviembre de 2011

RENOVANDO NUESTROS PENSAMIENTOS



TEXTO:
Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto.               Romanos 12:2 (BLA)
INTRODUCCION:
Solamente la renovación de nuestra mente nos puede garantizar la percepción de la voluntad de Dios, no solo la buena, la agradable sino también la perfecta.
DESARROLLO:
Debido a que la mente influye en nuestros actos, debemos de seguir el consejo apostólico y programar nuestra mente con pensamientos positivos, rechazando malas ideas, recuerdos no agradables del mundo y todo razonamiento que nos aleje de la fe y la santidad.
  • El Hombre y la Mujer es lo que piensa: Proverbios 23:7a.
El recuerdo nos trae a la memoria el pasado para hundirnos, deprimirnos y destruirnos.             Isaías 36:13-20 El rey trajo el recuerdo del pasado al pueblo de Israel para deprimirlos trayendo a la memoria los 430 años de esclavitud.
En nuestra vida puede venir el rey de Asiria para tratar de anularnos los pensamientos positivos e impedir que reprogramemos nuestra mente; cuando nuestra mente esta cansada no puede pensar, cuando una mente esta cargada no puede razonar.
  • La Transformación por medio de la Renovación: Colosenses 3:10
Ahora que estamos en Cristo somos una nueva criatura debemos aprender a usar las armas de nuestra milicia: 2a Corintios 10:4-5
a) Fortalezas: pensamientos exagerados que nos ciegan e impiden el fluir de las ideas claras.
   Por ejemplo: Incredulidad (Hebreos 3:12), Celos carnales (Santiago 3:14), Especulaciones, pensar cosas que van encontra de Dios y su palabra (Salmo 78: 19-20), Razonamientos, usar solamente la mente natural para las cosas espirituales (1 Corintios 2:14-15), Pensamientos Negativos que contaminan (Mateo 7:21-23),
CONCLUSION:
El espíritu de nuestra mente debe ser renovado para que fluya de una manera positiva nuestras vidas. Usar bien las armas espirituales para derribar todo lo negativo de nuestra mente.  Filipenses 4:8

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